Jiliri Mallku


Queridos hermanos y hermanas de la gran comunidad aymara:

Hoy, desde lo más profundo de nuestras raíces y con la fortaleza de nuestra historia, quiero invitarles a unir nuestros pasos, nuestras voces y nuestros sueños en un solo latido. Somos los herederos de una lengua que es antigua como las montañas, testigo del tiempo y el alma de nuestros antepasados, una lengua que vibra con la misma fuerza de la tierra y que aún susurra las enseñanzas de quienes caminaron antes que nosotros. El aymara, uno de los idiomas más antiguos del mundo, es la sangre de nuestro pueblo, la herencia que llevamos con orgullo y que hoy debemos revitalizar, compartir y mantener viva para las generaciones que vendrán.

Estamos en un tiempo único, un tiempo que marca el retorno de los Incas, no solo como símbolo, sino como una realidad en nuestra identidad, en nuestra voluntad de crecer, de fortalecer lo que somos y lo que soñamos ser. Este es el momento de reconstruir lazos, de levantar puentes y de mirar hacia adelante con la visión y la sabiduría que nos caracteriza. Desde la Alianza Mundial Aymara, creemos firmemente en la necesidad de consolidar nuestro papel en el ámbito social, político, económico, cultural y humanitario. Es nuestra misión proteger, promover y enaltecer nuestros valores, así como empoderar a cada miembro de esta comunidad para que se sienta parte activa de este renacer.

Al igual que nuestros ancestros, quienes construyeron en comunión y armonía, hoy estamos llamados a caminar juntos hacia el fortalecimiento de nuestra cultura y nuestra esencia. Es un llamado a la unidad, a reconocernos en la mirada del otro, a extender nuestras manos y a construir, con orgullo y dedicación, un futuro digno y próspero para nuestra gente.

Hoy es tiempo de que nuestros niños y niñas crezcan sabiendo el valor de quienes son, de que nuestros ancianos vean que sus conocimientos y su esfuerzo son respetados, y de que cada uno de nosotros aporte para construir una sociedad donde la voz aymara sea respetada y escuchada en cada rincón del mundo. Nos pertenece la tarea de preservar y enaltecer nuestra cultura, y también de adaptarnos y avanzar con la fuerza de nuestra identidad.

A quienes sienten en sus corazones el latido de nuestros antepasados, les invito a unirse, a trabajar hombro con hombro y a dar cada paso como si el destino de nuestras generaciones futuras dependiera de ello, porque en realidad, depende de nosotros. Extendamos nuestras manos y nuestra sabiduría. Fortalezcamos el espíritu de nuestra gente, y hagamos de esta unión una fuerza imparable.

¡Jallalla! ¡Que viva la Alianza Mundial Aymara y que viva nuestra historia!

Con gratitud y compromiso,

— Juan Carlos Hernández Caycho, Presidente AMA