Descubrimiento de una civilización sumergida en el Lago Titicaca revela ritos ancestrales

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Un equipo internacional de arqueólogos ha desvelado hallazgos sorprendentes en el Lago Titicaca, ubicado entre Bolivia y Perú. Las investigaciones subacuáticas, realizadas entre 2012 y 2013, sacaron a la luz artefactos que evidencian la existencia de rituales religiosos sofisticados realizados por la civilización de Tiwanaku, que floreció entre los años 500 y 1100 d.C., mucho antes de la llegada de los incas.

Las excavaciones se centraron en el arrecife de Khoa, cercano a la Isla del Sol, un lugar de gran importancia espiritual en la región andina. Utilizando tecnología avanzada, como sonares y fotogrametría tridimensional, los arqueólogos identificaron y recuperaron una variedad de objetos rituales. Entre estos destacan piezas de oro, incensarios de cerámica con forma de puma —animal sagrado para los tiwanakotas—, miniaturas elaboradas en conchas marinas y piedras semipreciosas, así como restos óseos de llamas jóvenes, presumiblemente sacrificadas durante ceremonias religiosas. Los resultados del análisis de estos artefactos fueron publicados en abril de 2019 en diversas revistas académicas y medios internacionales, lo que generó gran interés en la comunidad científica y cultural.

Uno de los descubrimientos más notables es un medallón de oro que representa una figura central con apéndices irradiando de su rostro, lo que sugiere una posible vinculación con el culto al sol. Este artefacto y otros fueron datados por los investigadores utilizando técnicas de radiocarbono, estimando su creación alrededor del año 800 d.C. Además, se encontraron conchas de Spondylus, molusco originario de las cálidas aguas del Pacífico ecuatoriano, lo que indica la existencia de redes de intercambio a larga distancia desde al menos el siglo IX.

La presencia de anclas en las proximidades de las ofrendas sugiere que estas pudieron ser depositadas desde embarcaciones durante rituales realizados en el lago, reforzando la idea de que el arrecife de Khoa era un sitio estratégico para consolidar el control geopolítico y espiritual de la región. Este descubrimiento proporciona una visión más profunda sobre cómo las élites y clérigos de Tiwanaku utilizaban rituales costosos y de difícil acceso para formalizar la religión como una institución social, mucho antes de la influencia incaica en la zona.

El proyecto, liderado por arqueólogos de la Universidad Libre de Bruselas y la Universidad de Oxford, contó con la colaboración de expertos locales y fue financiado por el Consejo Europeo de Investigación en 2012. Este hallazgo no solo enriquece el conocimiento sobre las prácticas religiosas de las civilizaciones preincaicas, sino que también destaca la importancia del Lago Titicaca como un centro ceremonial y de intercambio cultural en la antigua región andina. La excepcional conservación de los artefactos subacuáticos ofrece una oportunidad única para profundizar en la comprensión de las sociedades que precedieron a los incas y su compleja estructura religiosa y social.