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Médico suizo atiende en aymara a adulta mayor y destaca el valor de la lengua originaria en los servicios públicos

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Una mujer aymara de 82 años que viajó durante 14 horas desde el departamento de Puno hasta Curahuasi, en Apurímac, Perú, vivió una experiencia poco habitual al ser atendida directamente en su lengua materna por un médico suizo que aprendió aymara para comunicarse con sus pacientes.

El hecho ocurrió en el Hospital Diospi Suyana y fue dado a conocer por la propia institución el 12 de septiembre de 2026. La adulta mayor había realizado el extenso viaje acompañada por su hijo y su nuera, quienes estaban preparados para actuar como intérpretes debido a que ella se comunica únicamente en aymara.

Sin embargo, al momento de la consulta, el médico Daniel Ringli comenzó a conversar directamente con ella en su lengua. Ringli, médico misionero de nacionalidad suiza, aprendió español, quechua y aymara con el propósito de comprender y atender de mejor manera a las personas que llegan al establecimiento de salud.

El caso adquiere especial significado porque la familia debió realizar un viaje de aproximadamente 28 horas entre ida y regreso para acceder a la atención médica. Más allá de la distancia, la experiencia pone de manifiesto otra barrera que enfrentan numerosas personas pertenecientes a pueblos originarios: poder explicar directamente a un profesional sus síntomas, antecedentes, preocupaciones y necesidades en la lengua que dominan.

Desde la Fundación Alianza Mundial Aymara (AMA), el caso permite reflexionar sobre la importancia de que el aprendizaje y recuperación del aymara no quede circunscrito exclusivamente a la preservación cultural, sino que avance progresivamente hacia espacios cotidianos y profesionales donde la comunicación puede resultar fundamental.

En el ámbito de la salud, disponer de profesionales o facilitadores capaces de comunicarse en aymara puede contribuir a establecer una relación más directa con el paciente, especialmente entre adultos mayores y habitantes de comunidades donde la lengua continúa siendo utilizada habitualmente. Poder expresar un dolor, describir síntomas, comprender indicaciones o formular preguntas sin depender permanentemente de un tercero constituye además una forma concreta de reconocimiento lingüístico y cultural.

La misma necesidad puede observarse en la educación. Un profesor, asistente de la educación o profesional que conozca la lengua puede facilitar la comunicación con estudiantes, padres, apoderados y comunidades aymaras, al mismo tiempo que contribuye a que las nuevas generaciones comprendan que su idioma ancestral tiene aplicación más allá de ceremonias o actividades culturales.

También existe un desafío en materia de seguridad y atención de emergencias. Funcionarios policiales, personal municipal, bomberos, rescatistas, equipos fronterizos y otros servidores que desempeñan labores en territorios con presencia aymara pueden encontrarse ante adultos mayores o habitantes de sectores rurales que tengan dificultades para comunicarse fluidamente en castellano. Contar con conocimientos básicos y funcionales de aymara puede facilitar una solicitud de ayuda, una orientación, la recopilación inicial de antecedentes o la comprensión de instrucciones durante una emergencia.

Para la Alianza Mundial Aymara, experiencias como la protagonizada por Daniel Ringli muestran que preservar una lengua también significa utilizarla. Su continuidad no depende únicamente de conservar palabras, relatos y tradiciones, sino de ampliar los espacios donde las personas puedan hablarla y encontrar a otras capaces de comprenderlas.

El desafío, por tanto, no necesariamente consiste en que cada médico, profesor o funcionario domine completamente el idioma, sino en avanzar hacia modelos donde quienes trabajan en territorios con presencia aymara puedan adquirir competencias comunicacionales pertinentes y donde existan intérpretes o facilitadores cuando sean necesarios.

Que un médico procedente de Suiza haya decidido aprender aymara para comunicarse directamente con sus pacientes constituye un ejemplo que trasciende las fronteras. Para AMA, también representa una oportunidad para recordar que el aymara es una lengua viva y que fortalecer su aprendizaje puede convertirla en una herramienta efectiva de comunicación en la salud, la educación, la seguridad y otros servicios esenciales para las comunidades.

Fuente del caso: Hospital Diospi Suyana – “Donna Cecilia tiene suerte”.