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La Comunidad Aymara de Ancovinto, de la comuna de Colchane, ha presentado un recurso de protección contra el Ministerio de Minería y el Ministerio de Desarrollo Social, el cual ha sido acogido a trámite por la Corte de Apelaciones de Iquique. La acción judicial, liderada por su presidente, Joel Gómez Mamani, denuncia graves errores y omisiones en el decreto que convoca a una consulta indígena para el Contrato Especial de Operación de Litio (CEOL) en el Salar de Coipasa.
Exclusión inexplicable y negligencia estatal
La resolución 2748, publicada el 4 de noviembre de 2024, instruye el proceso de consulta indígena, pero omite a la comunidad de Ancovinto de la lista de comunidades afectadas, a pesar de que un tercio de su territorio está dentro del perímetro del CEOL. Gómez Mamani calificó esta exclusión como “inexplicable” y acusó al Estado de ignorar los derechos fundamentales de la comunidad.
“El decreto ignora nuestro derecho al territorio, al agua, al medio ambiente, al desarrollo y, en última instancia, a nuestra supervivencia como comunidad Aymara. Dependemos de este ecosistema para nuestras prácticas de ganadería, agricultura y tradiciones ancestrales”, afirmó Gómez.
El presidente también criticó que el considerando 21 del decreto base sus fundamentos en un estudio de 1998 sobre territorios quechuas y atacameños en la provincia de El Loa, región de Antofagasta, completamente ajenos al Salar de Coipasa y a la región de Tarapacá. Gómez calificó esta referencia como un “copy-paste negligente” que demuestra desidia y falta de rigor por parte de las autoridades.
Un ecosistema crucial en peligro
El Salar de Coipasa, con 2.218 km² de extensión, no solo alberga importantes reservas de litio, sino que también constituye un ecosistema único en la región altoandina. Este espacio, situado a más de 3.600 metros de altitud, es vital para la biodiversidad y la vida cultural de las comunidades indígenas que lo rodean. Para Ancovinto, el salar es mucho más que una fuente de recursos: es un lugar sagrado y esencial para su cosmovisión, profundamente conectado con sus modos de vida tradicionales.
Además de su valor cultural, el salar sostiene actividades económicas clave, como la crianza de camélidos y la agricultura de subsistencia, gracias a la presencia de humedales y bofedales que proveen agua y alimento para los animales. Intervenir intensivamente este ecosistema, advierte Gómez, significaría un golpe devastador para la comunidad y su entorno.
Compromiso de la Alianza Mundial Aymara
Desde la Alianza Mundial Aymara, expresamos nuestro compromiso y vigilancia activa en torno a este proceso. Nos mantenemos atentos a cada etapa y, especialmente, enfocados en que se alcance la justicia que corresponde a la Comunidad Aymara de Ancovinto. Este caso no solo representa una lucha por derechos territoriales y ambientales, sino también una defensa de la cultura aymara, profundamente arraigada en la región.
“La preservación de nuestras tradiciones y nuestra conexión con el territorio son aspectos fundamentales de nuestra identidad. No permitiremos que decisiones negligentes comprometan nuestra herencia cultural y espiritual”, señalaron colaboradores de la Alianza.
Un llamado a la justicia
Joel Gómez concluyó con un mensaje contundente: “El nivel de desorden y desprolijidad demostrado por el Gobierno no puede tolerarse en esta materia. La supervivencia de nuestra forma de vida en el altiplano chileno depende de un proceso transparente y justo. Esperamos que la justicia respalde nuestra demanda, porque el futuro de nuestra comunidad y de nuestra tierra sagrada está en juego”.
La comunidad de Ancovinto espera que este recurso sirva para corregir las omisiones del Estado y garantizar que la consulta indígena respete plenamente los derechos de las comunidades afectadas, tal como exige la legislación nacional e internacional.