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Tarapacá necesita mirar el territorio para enfrentar el nuevo escenario climático

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El reporte científico sobre las lluvias extremas de agosto plantea que reducir el riesgo exige comprender cómo se relacionan territorio, infraestructura, comunidades y capacidad de respuesta

Las lluvias extremas registradas entre el 17 y el 20 de agosto de 2026 dejaron en evidencia una realidad que Tarapacá no puede continuar enfrentando únicamente desde la emergencia. El episodio meteorológico produjo precipitaciones intensas, fuertes vientos, tormentas eléctricas y nevadas en sectores cordilleranos, generando impactos sobre viviendas, caminos, infraestructura sanitaria, establecimientos educacionales, redes eléctricas y actividades productivas.

Sin embargo, el Reporte Científico: Impactos de las Lluvias Extremas en la Región de Tarapacá propone mirar más allá de la lluvia. Su análisis plantea que un desastre no puede explicarse exclusivamente por la intensidad de un fenómeno meteorológico. La magnitud de sus consecuencias está relacionada también con las condiciones territoriales y sociales que determinan quiénes están más expuestos y quiénes poseen mayores o menores capacidades para enfrentar y superar las pérdidas.

Para la Fundación Alianza Mundial Aymara (AMA), esta perspectiva resulta especialmente significativa porque obliga a recuperar una mirada integral del territorio. Tarapacá no es solamente el espacio físico donde ocurre una emergencia: es un territorio habitado, construido y transformado durante generaciones por comunidades, familias, trabajadores y actividades económicas que mantienen distintas formas de relación con su entorno.

El reporte identifica factores como la hiperaridez, la baja cobertura vegetal, la susceptibilidad de quebradas y laderas, la urbanización en espacios de riesgo, los déficits históricos de drenaje y las desigualdades socioeconómicas como elementos que pueden amplificar los efectos de precipitaciones intensas.

Desde esta perspectiva surge una pregunta que debería formar parte de la discusión regional: ¿qué debemos transformar antes de que vuelva a llover?

La respuesta no consiste únicamente en reconstruir aquello que resultó dañado. El desafío es evitar que la reconstrucción reproduzca las mismas condiciones de exposición y vulnerabilidad que contribuyeron a generar el impacto. El propio enfoque metodológico del estudio busca avanzar desde la descripción de lo ocurrido hacia la comprensión de sus causas, consecuencias, capacidades institucionales y comunitarias y posibilidades de transformación territorial.

El informe incorpora, además, el enfoque del Vivir Bien como marco articulador para pensar la gestión climática y la reducción del riesgo. No se trata solamente de responder mejor ante una emergencia, sino de avanzar hacia una relación más equilibrada entre sociedad, territorio, conocimiento, acción y futuro.

La Alianza Mundial Aymara considera que esta discusión debe involucrar a las comunidades, instituciones públicas, municipios, universidades, organizaciones sociales y sectores productivos. La adaptación climática no puede ser una tarea exclusiva de los organismos de emergencia: requiere conocimiento territorial, participación y decisiones capaces de reducir las desigualdades que incrementan la vulnerabilidad.

El reporte, elaborado por Gustavo F. Guarachi López, constituye así una invitación a mirar la emergencia de agosto no solamente como un acontecimiento que debe quedar atrás, sino como una oportunidad para aprender, anticiparse y transformar.

Tarapacá necesita prepararse para la próxima lluvia antes de que llegue.